Después de haberme mudado a Madrid, de acercarme y alejarme de Galicia, de intentar perderme en Francia y de comprarme una mochila de 40l en Portugal, necesitaba algo más.

Sin pensármelo demasiado (más bien nada) dejé mi maravilloso trabajo. Hice una pequeña montañita con mis ahorros y decidí viajar sola a Marruecos.

“Loca, estas LOCA.””Marruecos viajando sola, tan joven” “Un país Musulmán, que peligro.” “No te vayas, no es una buena idea.””Sola?” “Cómo?” “Cuándo?”….y un largo etcétera.

Desde el minuto cero posicioné Marruecos en el punto de mira para una huida. La diferencia cultural era lo que más me atraía, sentía curiosidad por su religión. Sus costumbres, su forma de vida, sus gentes. Sin dejar de imaginar sus paisajes, playa, montaña, pueblo, ciudad, Atlas… Y entre tanta imagen, disculpen la incoherencia, no tuve tiempo para pensar en el “terrible peligro” al que me exponía. Y menos mal.

Llego a Tánger la tarde de un Miércoles.

Cargo para un mes de viaje una mochila de 20 litros y un bolso de mano en el que almacenar las escasas pertenencias de valor necesarias (cámara, pasaporte, libros y algunos Dh). Más adelante hablaremos de cómo viajar ligeros de equipaje. 

Desde Madrid y para ser precavida llevo reservada la primera noche de hostel (todas los demás los cogeré en el día). Me apunto la dirección en un papel y me hago a la idea de que EL TAXI TAMBIÉN SE REGATEA, pero algo no hago bien al acabar pagando al señor taxista 200Dh (20€) por un trayecto de escasos 15min.

Sin prisas, al segundo taxi estáis curados.

Como toma de contacto tal vez sea algo brusco, el primer día estás descolocada y acabas tirada en la cama del hostel agotada de tanto medir a quién dirigir la palabra, cómo y cuánto, tratando de no sonreír demasiado y de memorizar una Medina imposible (y vendrán peores, os lo aseguro). Esquivando gatos, comiendo con cuidado como tratando de matar bacterias con el filo de los dientes y pensando “el té debería bebérmelo de aquí o me compro un vaso que al menos no tenga pelos pegados?”.

Que duele, vamos, pero como todas las primeras veces se te pasa, y si te dejas…Advertencia! Puede que llegue a gustarte.

Tánger me abrió los brazos durante un día y medio, he de decir que salí corriendo como quien sale huyendo, pero volví al mes con la mirada cambiada y caí completamente rendida a sus pies.

Calm sea / Xauen

Fue puente de paso hacia Xauen (Chefchauen), un pueblo de montaña en el que navegar sin necesidad de mar.

Tras el que acabé en Fés rodeada de personas hermosas y cubierta de henna, perdida en una medina caótica.

Que fue camino hacia Merzouga, el eterno Erg Chebbi, Sahara, mi casa y un cuento sin final.

pure lights / Marrakech Medina

Que a su vez me arrastró a Marrakech, a la vida de una ciudad con una luz especial, todo un juego.

freedom / Ifní

Para seguir jugando al Sur, Sidi Ifni y la puesta de sol frene al mar más bonita que he visto nunca (y eso que soy Gallega).

Subiendo y perdida me tocó buscarme la vida a las afueras de Aggadir (no sabría si recomendarlo).

Cambié de planes y con ellos cambió mi viaje, vuelta a Marrakech, reencuentros, sonrisas y fiestas en un hostel convertido en piso de colegas.

Y casi quince horas más tarde vuelvo al desierto. Estoy en casa.

Path / Merzouga back

RisanniFés, Mequínez, Larache, Tánger… Más de 70 horas de autobús, 14 taxis tomados, más de 4000km en carreteras, hostels, amigos, familias enteras, formas de vida, olores, sabores, sonidos, lenguas, paisajes…

Marruecos en un mes. He vuelto para contarlo.